Nos hacemos un ‘autospoiler‘ ya de entrada: ¿merece Andoni Zubizarreta estar considerado entre los grandes cancerberos de la historia? Desde la óptica del fútbol español: por lo que representó, sus cifras, logros y porque marcó una época durante los años ochenta y noventa, sin duda. Y fuera de nuestras fronteras: su reconocimiento y papel desempeñado tanto a nivel de clubes (especialmente con el Barça) pero también con la selección absoluta, presente en cuatro Mundiales y dos Eurocopas, lo hacen también merecedor de dicha distinción. Por momentos, fue valorado como uno de los mejores (dentro de un grup de 10 a 15 arqueros) del Viejo Continente y del Mundo.
Debutó con el Athletic Club de Bilbao en la temporada 81/82 y estuvo cinco temporadas, durante las que disputó en total prácticamente 250 partidos (239). Ganó dos ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Provenía del Alavés, desde donde en un primer momento fichó por el filial del Athletic, pero su ascenso al primer equipo se produjo francamente rápido. Heredero de grandes cancerberos vascos -donde hay larga, fructífera y buena tradición de guardametas-, dos de sus antecesores habían sido Iríbar y Arconada, cada uno desde distintos lugares y tiempos y grandes referentes en los que mirar de reflejarse y coger como modelos. De hecho, el porte de Zubizarreta no queda tan lejos del de “El Chopo”, si bien sus condiciones como portero sí son algo distintas.

Su amor por la portería ya le vino, según leemos, desde jovencito. Siendo adolescente disfrutaba de un físico portentoso o muy adecuado para la posición: mide 1,87 metros y, durante su carrera, su peso se movió sobre los 86 kilos, en una época donde esas tallas no eran tan habituales como ahora (consecuencia de mejoras socioeconómicas y alimentarias, en general).
La época, más larga y posiblemente más brillante, la vivió en el FC Barcelona, donde estuvo ocho temporadas, desde la temporada 86/87 y hasta la 93/94, con quienes se alzó con cuatro Ligas consecutivas y la primera Copa de Europa del club catalán: la de 1992, en Wembley, frente a la Sampdoria y donde Zubizarreta tuvo varias acciones trascendentes. El partido se ganó por un exiguo 1 a 0, mediante gol de falta del neerlandés Koeman. Con los culés también sumó una Recopa, una Supercopa de Europa, dos Copas del Rey, dos Copas de Catalunya y dos Supercopas de España.
Su salida, no obstante, se produjo tras la dolorosa derrota en Atenas en la final de la Copa de Europa de 1994 frente al AC Milán y que se produjo por un contundente resultado de 4 a 0. De todos modos, fue pieza clave de aquel Barcelona de Cruyff, que marcó un modelo y filosofía de juego y trabajo a seguir y que permitió dar un salto al club hacia la élite del fútbol internacional. La próxima parada fue Valencia.
Allí estuvo cuatro temporadas más, rindiendo a buen nivel y con una cifra de partidos por temporada por encima de los 40 (una cifra que, desde su debut como profesional, fue una constante durante las 17 temporadas que estuvo al máximo nivel). Su retirada se produjo tras el Mundial de 1998, recordado por no superar la fase de grupos y por una mala actuación del guardameta vasco, que se introdujo un balón en su portería en un encuentro decisivo frente a Nigeria, en una acción muy desafortunada y que tuvo peso sobre el resultado final (derrota por 3 a 2). De todos modos y hasta las irrupciones de Casillas y Ramos, fue el jugador con más partidos con el combinado español: 129 internacionalidades.
Después de ‘colgar los guantes’, ha sido director deportivo de Athletic, Barça y Marsella, columnista y comentarista habitual deportivo y una voz muy acreditada dentro del ecosistema del ‘planeta fútbol’.

Muchas luces, por lo tanto, aunque también algunas pequeñas sombras (tristemente también muy recordadas) de un portero sobrio, serio, comprometido, eficaz, con buena colocación y que como puntos débiles igual tenía el balón en los pies, la rapidez y la leyenda de los penaltis (aunque paró más de los que los espectadores recuerdan: 16, el segundo en cifras absolutas de la Liga, solo por detrás del brasileño Diego Alves aunque con unos porcentajes muy distintos -más del 46% del cancerbero que pasó por Valencia y Almería frente al 15% de ‘Zubi’). Natural de Vitoria, está considerado, de forma meritoria y justa -pensamos-, como uno de los mejores guardametas que ha dado el fútbol español a lo largo de su amplia y variada historia.
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