Y no es poca cosa, lo enunciado en el titular, con grandes cancerberos
germanos a lo largo de la historia y de excepcionales trayectorias como Kahn,
Neuer o Schumacher solo por citar algunos de ellos (la escuela germana de
porteros es una de las más prolíficas y de mayor nivel del mundo). Así, estar
considersdo como el número uno de un país que ha dado muchos nombres y
destacados guardametas evidencia que muy probablemente también se trate de uno de los mejores de todos los tiempos.
Consta, bajo palos, en el once ideal histórico de Alemania. Su figura, sin duda, como portero es una de las más reconocibles por los aficionados al fútbol y ejemplo de algunas de las más destacadas cualidades asociadas a esa posición sobre el campo.
Así, formó parte de aquel mítico Bayern, con Beckenbauer y Rummenigge, que ganó tres Copas de Europa consecutivas entre los años 74 y 76, a las que sumar en el caso de Sepp Maier 5 Bundesligas, 4 Copas de Alemania, una Intercontinental y una Supercopa. A nivel indivual, fue considerado como mejor jugador germano las campañas de 1975, 77 y 78; año, éste último, en el que según leemos también recibió la Medalla al Servicio Nacional. Con su club disputó 476 partidos de liga, 422 de ellos de forma consecutiva: récord que hoy sigue imbatido.
Con la selección participó en cuatro mundiales, entre los años 1966 y 1978, siendo titular en tres de ellos (los tres últimos). De hecho, fue el número uno del combinado nacional durante más de una década, durante la cuál ganó un Mundial (1974) y una Eurocopa (1972). Llegó prácticamente al centenar de internacionalidades, datos al alcance de muy pocos (sin olvidar que por entonces los calendarios no eran como los actuales). Tras su retirada, siguió vinculado al club y a la selección, sobre todo como preparador de porteros, hasta su jubilación en 2008.
En el capítulo de las anécdotas queda haber sido el cancerbero que encajó el penalti del checo Antonin Panenka en la tanda de la final de la Eurocopa de 1976, con ese estilo tan particular, en semivaselina y que se ha imitado desde entonces. Aquel torneo, por cierto, se lo llevó Checoslovaquia. Y también, ser uno de los porteros que se apuntó a la ‘moda’, hasta entonces no tan extendida, de usar guantes.
Sobre su aspecto, sobrio y aparentemente serio, descubrimos en la web del Bayern y de palabras del propio protagonista, que es de talante «bromista» y de tomarse la vida con «optimismo, alegría y sentido del humor». No demasiado conocido, pero también se le llamaba por el apodo del «gato de Anzing», por su agilidad felina. (F)


Deja un comentario