Peruzzi, el portero que transformó una sanción en oportunidad

Se retiró en 2007 con 37 años y un palmarés, sobre todo a nivel de clubes y con la Juventus -aunque no solo- más que notable. Su trayectoria, en cualquier caso, se podría haber visto marcada por una sanción de un año cuando tenía 19 años que lo dejó muchos meses fuera de los terrenos de juego y que podría haber condicionado de forma determinante su carrera. Al parecer tomó una sustancia que él argumentó que era para «reducir la pesadez de estómago de una comida opulenta» pero que el juez no acabó de creerse. De ahí la sanción, que cumplió junto a un compañero de equipo. En una entrevista muchos años después, en 2025, mantenía la misma defensa y justificaba que en aquella época era «muy crédulo» aunque esa experiencia le sirvió «para crecer como persona» y tener claros sus objetivos.

Por entonces estaba en las filas de la Roma, había ascendido al primer equipo con 17 años pese a que sus primeras temporadas fue suplente, llevándolo a una cesión al Hellas Verona, donde disfrutó de muchos minutos aunque no consiguió evitar el descenso a la Serie B. En su vuelta y ya como titular en la temporada 1990/91 es cuando se produjo la sanción, que le llevaría superada ésta a hacer las maletas rumbo a la Juventus, en Turín. Allí, el primer año estuvo a la sombra del veteranio Stefano Tacconi. Después ya se haría con la titularidad y encadenaría una serie de años de gran brillantez durante los cuales consiguió una Champions en 1995 y alcanzó dos finales, una UEFA, tres títulos de liga, una Copa de Italia y otra Supercopa de su país. Disputó con ellos 302 partidos, hasta su salida tras la temporada 98/99.

Después y solo durante un año, recalaría en el Ínter de Milán, donde coincidió con Lippi para cubrir una cesión de Sébastien Frey. Al término, volvería a hacer las maletas rumbo a los orígenes, a Roma, pero esta vez a las filas de la Lazio. Con ellos disputaría tres ediciones de la Champions, se clasificaría entre los cuatro primeros en cuatro ocasiones y ganaría otra Copa y Supercopa de Italia. Su último partido lo disputó en mayo de 2007 frente al Parma, cuando le dejaron entrar para retirarse de la afición sobre el terreno de juego. Tenía 37 años. En total durante esos casi 17 años al máximo nivel disputó 620 partidos oficiales, 478 en la Serie A. Durante su carrera fue considerado tres veces mejor portero de la competición -la última, con la Lazio precisamente en su última campaña- y encuadrado entre los diez mejores de Europa casi de forma contiuada, especialmente durante su etapa en la Juventus.

Le faltó un Mundial como titular

Buffon, según aparece en Wikipedia, llegó a afimar que era «un desperdicio»· tener a un portero de «la calidad técnica y humana de Peruzzi en el banquillo» y que habría merecido «jugar un Mundial como titular». La realidad, es que no fue así aunque llegó a disputar sobre el verde las Eurocopas de 1996 y 2000, con papeles discretos de Italia, que no pasó de la fase de grupos. A nivel de Mundiales se cayó de la lista definitiva para el de Estados Unidos de 1994 y se perdió por lesión el de Francia’98 (entonces el titular fue el sempiterno Pagliuca, también en el once en USA). Para el de 2002, declinó ser convocado como tercero tras Buffon y Toldo aunque cinco años después de renunciar a la selección volvió al combinado nacional para la Euro de 2004 y para el Mundial de 2006. Éste último se lo llevó Italia con Peruzzi como segundo y Lippi como técnico. Con la selección, llegó a las 31 internacionalidades. Antes, habría que incluir un Europeo sub-21 en 1992 y su presencia en la selección de los Juegos de Barcelona.

Tras su retirada del fútbol en activo su carrera siguió ligada a la pelota, en este caso como colaborador de entrenadores con el propio Lippi en la absoluta, de la sub-21 y como segundo en la Sampdoria o desde los despachos durante varios años en la Lazio. En un artículo de 2025, explicaba por entonces estar retirado de los focos en su pueblo natal, Blera, donde entenaba a niños y salía a la montaña a pasear. Vida tranquila, alejada de un fútbol que, explicaba, ahora «le costaba entender».

De 1,80 metros, dicen que se dedicó a la portería porque en Primaria una profesora lo puso por ser el único de la clase que tocaba el larguero. Curioso porque tiempo más tarde técnicos de la élite lo descartaron por no tener talla suficiente. Corpulento y compacto, físicamente su silueta, llamativa y portentosa, hoy por hoy se alejaría de lo más habitual y de la tendencia actual por porteros cercanos al 1,90 m. Algunos pensaban que tenía más aspecto de boxeador que de cancerbero. Sea como fuere, tantos partidos, tantos clubes y paso por los mayores torneos y estadios del mundo, a las órdenes de un sinfín de distintos entrenadores son muestra de que fue uno de los mejores guardametas de la década de los noventa y primeros años del siglo XXI. Un portero y una persona que, según explicaba, supo transformar «una sanción en una oportunidad». // (T) (F)


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